Tradicionalmente, en las discusiones paritarias, y específicamente en el aspecto salarial, nunca nadie pudo evitar el sino de la naturaleza del escorpión. Unos y otros esgrimen un discurso, pero finalmente ceden a su quintaesencia.

Por supuesto que en esta oportunidad no hay excepción. El Gobierno nacional dice que las paritarias son libres, sin condicionamientos ni techos salariales, pero desde el principio presiona por todos los medios para que el porcentaje de aumento sea el menor posible, y así lo ha demostrado en la inicial oferta a los docentes.

Muchos rubros empresarios han hecho millonarios colchones con los precios antes de la devaluación y algunas actividades en particular, como la bancaria, no paran de tener ganancias en el gobierno de Cristina Fernández. Pero también hay hombres de negocios que lloran miseria y hasta llegan a plantear la opción de “salarios o puestos de trabajo”.

En el área de los sindicatos la cosa está repartida, dado la situación de la división entre oficialistas y opositores, aunque podría sintetizarse en que, pese a que se promete moderación, algunos se descuelgan con fuertes pedidos, a sabiendas de que tendrán que aceptar menos.

Claro que, al estar del panorama al que se ha arribado, no es injusto decir que el sector gremial es el que más puede justificar su postura, ya que el Gobierno sigue haciendo uso discrecional de los dineros que le entrega el pueblo -incluidos los salarios de sus empleados, o sea funcionarios, legisladores y jueces-, mientras constituyen una larga fila las empresas que, como se ha dicho, están lejos de catástrofe. (Además, muchos empresarios deberán hacerse cargo de su responsabilidad por haber apoyado explícita o implícitamente el “modelo” al que ahora cuestionan).

En este aquelarre de precios, devaluación y retracción económica, aderezado por los desaguisados políticos que pusieron a la Argentina en la zona barrancosa del mundo, los salarios han recibido metralla gruesa y entonces ahora se busca desesperadamente su recuperación.

Y esto también ha conseguido desnaturalizar, al menos por un tiempo, la negociación paritaria. En estas últimas semanas se han escuchado fórmulas de lo más variadas, algunas inéditas, para lograr la resurrección de los sueldos.

Algunas actividades con economías más holgadas impusieron los aumentos “puente” por algunos meses para ganar tiempo y ver cómo evoluciona la cosa, pero la mayoría anda en la búsqueda.

Además, están viendo con expectación la definición de la paritaria docente que, aunque siempre en el pelotón de las más modestas, sin dudas va a actuar como piso mínimo (la redundancia es para recalcar la envergadura de la mejora que se está discutiendo, se entiende).

El otro tema es la protesta, ya anunciada por varios para el caso de falta de acuerdos. La más temida por las autoridades es, por supuesto, la de los camioneros, que como todo el mundo sabe pueden parar el país en un periquete. De todas maneras, los choferes de los Moyano ya consiguieron varios miles como compensación y su paritaria será en junio, para cuando se espera que el panorama esté más claro.

El sindicalismo oficialista (CGT Caló, CTA Yasky) sigue muy pegado a la administración y no tiene ningún interés en salir a la calle. Pero el interrogante reside en hasta cuándo podrá resistir la eventual presión de sus bases.

Las otras organizaciones (CGT Moyano, CGT Barrionuevo y CTA Micheli) tienen políticamente las manos más libres, pero es una fija que si lanzan una acción de fuerza con pretensiones masivas recibirán motes varios, entre ellos el de “destituyentes”, y no quieren darle réditos al Gobierno al que se oponen. Pero además hay que tener en cuenta si la gente, la gente común, la que no está sindicalizada, la que gana menos, la que está con trabajos precarios o en negro, aplaudirá y se sumará a una medida de tal naturaleza, a sabiendas de que, aunque hay razones para el pataleo, también hay mucho trasfondo político en todas estas pulseadas.

Lo concreto, en fin, es que se está en presencia de un ciclo muy particular, por ahora con muchas sombras y pocas luces, donde, justamente en época de adelantos “puente” (otro eufemismo contemporáneo del “modelo”), algunos -pocos todavía- sienten que aún pueden desplazarse sin demasiadas zozobras sobre los puentes de Madison, mientras otros caminan temblorosos por el del río Kwai, presintiendo que, más que paritarias, lo suyo será pujar y pujar. O sea, inevitablemente tendrán “partotarias”.